
La mujer entra a Gmail, dice "te extraño" y se va. No alcanzas a escribir ni hola. Sólo ves su mensaje aparecer y su estado cambiar a "offline". Todo termina tan rápido como un suspiro. Un instante suficiente para agitar la añoranza de los últimos días, que pervivía quieta dentro de uno, y convertirla en dolorosa desesperación. La angustia que se alcanza con este método es similar a la que un enterrado vivo siente al descubrir que existe una pequeña entrada de aire que apenas le permite renovar el oxígeno pero no alcanza para que se escuchen sus ruegos.
Carajo.